ATENTADOS TERRORISTAS: ATENTADOS CONTRA LOS DERECHOS HUMANOS

De nuevo hoy nos hemos despertado con una terrible noticia de destrucción contra la libertad y la vida. Hoy ha sido en Francia, pero todos los días suceden en cualquier parte del mundo: Bangladesh, Siria, Estambul, …

Hoy nos afecta más porque Francia es nuestro país vecino y percibimos la amenaza más cercana. El miedo y el terror nos persiguen en nuestra vida diaria, pero lo olvidamos y lo dejamos de lado por nuestra propia supervivencia.

La mayoría de los ciudadanos españoles, cuando sucede un atentado terrorista cerca de nuestro país, nos preguntamos: ¿nos tocará de nuevo sufrir el terror? ¿Tendremos que vivir de nuevo el duelo, el miedo, las heridas que nunca se cierran, lesiones que te incapacitan de por vida? Y como profesionales nos preguntamos: ¿tendremos de nuevo que dar consuelo a las familias de fallecidos? ¿Tendremos que atender de nuevo a heridos y lesionados que jamás podrán olvidar lo vivido, escuchado, sufrido?

Después de un atentado terrorista, las víctimas sufren tremendas secuelas, además de las visibles y perceptibles por los ojos humanos. Secuelas que deben ser tratadas desde el mismo momento en el que sucede el atentado. El trastorno de estrés postraumático, el duelo, la depresión, la ansiedad, fobias (a coger el coche, metro, autobús, trenes), e incluso agorafobias, y lo que muchas personas no logran entender en un superviviente de un atentado: el sentimiento de culpa (¿por qué he sobrevivido? ¿por qué no he podido salvar a los que estaban a mi lado?). Todas ellas son lesiones difíciles de percibir y de entender. Las víctimas de los atentados terroristas han tenido siempre la certeza y sentimiento de incomprensión por parte de la sociedad, sobre todo cuando no tienen ninguna secuela física pero sí psicológica. Muchas de ellas sufren de insomnio por las pesadillas, otras pierden la concentración y la memoria a corto plazo. Como consecuencia de todas estas secuelas, muchas de las víctimas pierden sus empleos e incluso son incapaces de relacionarse con sus familiares que, con su buena intención, lo que intentan es distraerles y evitan hablar de lo sucedido, un error muy común cuando ves a tu familiar sufrir y no estás preparado para atenderle. Por eso la importancia de ponerse en manos de profesionales expertos en duelo y trauma.

Y no debemos dejar de lado a la población general. Cuando sucedieron los atentados del 11 de marzo de 2004, muchos ciudadanos perdieron su sensación de seguridad. El miedo y el dolor se palpaba en las calles de Madrid en los días siguientes a los atentados. Perder la sensación de seguridad es perder una de las sensaciones más innatas de la vida: la supervivencia.

Desde mi perspectiva profesional debemos estar preparados para atender de manera in situ a las víctimas del terrorismo, ya sean familiares de fallecidos, heridos o población general. Incluso los mismos profesionales que atendemos en emergencias o catástrofes debemos cuidarnos y saber delimitar muy bien nuestra capacidad de atención y apoyo. Si caemos nosotros no ayudamos. Si lloramos delante de las víctimas no ayudamos. Si cruzamos la línea profesional / personal no ayudamos. Y para ello debemos formarnos, prepararnos, concienciarnos de que, en cualquier momento, podríamos volver a tener la obligación ética y profesional de atender a familias y heridos debido a un atentado contra la libertad, la dignidad y la vida, derechos que son fundamentales para la humanidad.

Desde Abalú Asociación nuestras más sinceras condolencias a los familiares de los fallecidos y nuestro apoyo incondicional a todas las víctimas del terrorismo, sean del país que sean. Todos somos seres humanos.

Rocío BNRocío Fernández

Trabajadora Social Abalú Asociación

Experta en Trauma, Duelo y Victimología

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